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  • Tecnologías modernas en la agricultura

    Tecnologías modernas en la agricultura




    Antes de 1990, Rumanía tenía 2.500 hectáreas de
    invernaderos. Actualmente quedan 250. La mayoría de los invernaderos y de los
    solarios producen para consumo propio, pero algunos productores, conociendo las
    tendencias de desarrollo de este sector en Europa, están interesados en
    desarrollar sus negocios. Como Rumanía importa la mayoría de las legumbres,
    algunos han pensado en que tal vez sería un negocio provechoso y duradero
    construir invernaderos y solarios con nuevas tecnologías. Los invernaderos
    clásicos con una estructura de acero y ventanas de vidrio se sustituyen por
    otros modernos, fáciles de construir. Un ejemplo es la fábrica de Invernaderos
    Transilvania, que produce y distribuye invernaderos modulares y solares, pero
    también sistemas de irrigación y de calefacción. Las exportaciones a Europa
    Central y del Oeste aseguran un 30% de las ventas, y el resto se distribuye a
    los rumanos que están cada vez más interesados en las construcciones de este
    tipo, según ha afirmado el director de la fábrica, Csaba Lengel:



    Tenemos varios tipos de clientes. Algunos están
    interesados en los invernaderos por afición, es decir, que desean producir sus
    propios productos bio, comer sano. Compran solarios bastante pequeños, de hasta
    60-80 metros cuadrados. Después existen los granjeros que ya están hartos de
    los invernaderos con estructura de madera y con láminas de mala calidad, y que
    se ven obligados a construir más que cultivar. En los próximos años, su número
    aumentará. Existen también inversores que se han dado cuenta de que se puede
    ganar mucho de la producción de legumbres, porque aquí la mano de obra es mucho
    más barata que en Holanda o Italia, y también tenemos un buen clima. Es mejor
    tener invernaderos y tecnología modernos, y también tenemos un mercado cercano.
    Por lo tanto, el potencial es inmenso, y los inversores lo han visto ya. Vienen
    e invierten en la agricultura, aunque procedan de otros ámbitos. Contratan a
    personas que puedan trabajar, a profesionales con experiencia, es decir que
    invierten en invernaderos modernos y con una buena tecnología, porque desean
    tener los mejores resultados. Las personas que trabajan ya en este ámbito han
    empezado a especializarse. Los antiguos invernaderos dejarán de existir, es
    decir aquellos en los que se cultivaba de todo. A partir de ahora, el productor
    de tomates cultivará tomates y pepinos, el productor de lechuga cultivará lechugas
    o plantas bajas, es decir que se especializarán al igual que en los países
    occidentales.

    Una nueva corriente en la horticultura
    es el cultivo en el sistema hidropónico. Los invernaderos son verdaderos
    laboratorios en los que las plantas crecen sin tierra, sólo con agua y
    nutrientes en un sustrato específico. Los especialistas opinan que este tipo de
    cultivo será el negocio del futuro y será el que más se empleará en Europa en
    los próximos años. Desde hace tiempo, esta técnica se emplea también en
    Rumanía. Por ejemplo, los invernaderos de Dalin de la ciudad de Reghin emplean
    este tipo de tecnologías modernas, con paneles solares y ordenadores que
    supervisan el crecimiento de las plantas, el calor, la humedad, la luz
    artificial y las instalaciones de niebla para aumentar la humedad en el
    inverdarero, según ha declarado Călin Cotoi, director de este invernadero:



    Son tomates injertados con un
    ciclo completo de cultivo de un año, con un crecimiento indeterminado. La
    producción debería ser de 55 kilos por metro cuadrado en un ciclo completo. Una
    brizna debería producir 20 kilos. La plántula injertada procede de Hungría.
    Tenía 30 centímetros y a finales de año debería alcanzar 12 metros. Tenemos un
    sistema de supervisión computerizado, tenemos sensores de temperatura, de
    humedad, de dióxido de carbono, en el exterior tenemos una estación
    meteorológica que mide la radiación solar, la velocidad y la dirección del
    viento y, según estos datos, programamos el ordenador para que sepa cuándo
    tiene que abrir las ventanas, en qué lado, cuándo tiene que cerrarlas, cuándo
    tiene que encender la calefacción…


    Con un millón de euros se puede construir un invernadero
    de este tipo. En cambio, para los pequeños productores de legumbres, cerca de
    la capital, en Mihăileşti, se están produciendo ya solarios. La fábrica se ha
    propuesto construir 400 hectáreas de solarios al año, y antes de 2020 debería
    alcanzar una producción de 3.000 hectáreas. Fue idea del presidente de la
    compañía Romconserv, Aurel Tănase, después de haberse dado cuenta de que
    numerosas familias del medio rural deseaban iniciar un negocio con legumbres,
    para extenderlo después y convertirlo en una inversión de éxito:



    Entre 2015 y 2020, a través del
    Programa Nacional de Desarrollo Rural, nos centramos sobre todo en la
    producción de legumbres en espacios protegidos. Hemos estimado contruir 300
    hectáreas de invernaderos modernos y 3.000 hectáreas de solarios. Y esto
    porque, en los últimos años, la diferencia de temperatura entre el día y la
    noche en Rumanía está creando una amplitud muy grande que está causando un
    choque difícil de aguantar para la planta, y con efectos negativos sobre la
    producción y la calidad de la producción. Por esta razón, las legumbres
    termófilas se deben cultivar en los espacios protegidos. Tenemos suficientes
    fondos, tenemos el apoyo de los fondos europeos de hasta el 90% para crear
    importantes superficies de legumbres en los invernaderos. Es un período en el
    que la producción de legumbres rumanas está creando un nicho, y los rumanos
    desean tener legumbres rumanas con sabor y aroma. Tenemos ya una tradición en
    este sentido. Además, a partir de este 1 de enero tenemos fondos para cubrir
    unos gastos para los invernaderos de 6.300 de euros por hectárea, y para los
    solarios de 3.200 euros por hectárea.


    Si en algunas aldeas los solarios forman parte de la granja de cada
    campesino, los inversores se están centrando en el uso de los invernaderos
    automatizados en los que, para cultivar una hectárea, el ordenador está ayudado
    por tan solo 10 empleados. Ellos desean ya tener grandes producciones en
    sustrato mineral. Con una producción de 400 toneladas por hectárea, frente a 50
    toneladas por hectárea en un invernadero tradicional, no les interesa que los
    tomates hayan dejado de ser como antes.

    (Traducido por Monica Tarau)